Anestesia
Subaracnoidea en Cirugía Plástica Ambulatoria
Dr. Víctor
M. Whizar-Lugo*, Dr. Roberto Cisneros-Corral*, Dr. Miguel A. Reyes-Aveleyra*, Dr.
Jaime Campos-León**, Andrey Shakhov**
*Anestesiólogo
Servicios
Profesionales de Anestesiología y Medicina del Dolor
Centro
Médico del Noreste
Tijuana
B.C., México
vwhizar@anestesia-dolor.org www.anestesia-dolor.org
** Cirujano
Plástico
COSMED
Centro
Médico del Noroeste
Tijuana
B.C., México
Inyección simple
Inyección con
adyuvantes
Dosis bajas
Subaracnoidea-peridural
combinada
Inmediatas
Mediatas
A largo plazo
Criterios de alta domiciliaria
La anestesia subaracnoidea fue incorporada a la práctica clínica durante la última década del siglo XIX por Bier en Alemania y Tuffier en Francia. La primera raquianestesia en América se atribuye a Tait y Caglieri en San Francisco California, y en México fue Pardo el primer médico en utilizarla en 1900, en la ciudad de Oaxaca.(1,2). Desde entonces esta técnica anestésica ha tenido una aceptación muy variable entre los pacientes, los cirujanos y los anestesiólogos. En 1947, Cecil Roe y Albert Wooley desarrollaron daño neural permanente después de anestesia raquídea con chinchocaína administrada el mismo día y por el mismo anestesiólogo. Durante 11 años el caso ocupó de múltiples discusiones en las cortes Inglesas y finalmente produjo un efecto negativo en la evolución de la anestesia subaracnoidea, no solo en el reino Unido, sino en todo el mundo,(3) retrasando el desarrollo de esta modalidad anestésica. Noble y Murray,(4) Moore y cols.(5) Dripps y Vandam,(6) y Scott y Thorburn (7) revisaron miles de pacientes y dejaron firme el concepto de que la anestesia por vía subaracnoidea es un procedimiento seguro. Estos estudios y el advenimiento de nuevos anestésicos locales fueron factores determinantes para que muchos entusiastas redescubrieran los beneficios de esta técnica; sin embargo, la sombra de la cefalea postpunción dural (CPPD) ha sido un factor limitante en la aceptación de este procedimiento anestésico, en especial en los pacientes ambulatorios. En 1985 Flaatten y Reader (8) hicieron un estudio prospectivo en 51 pacientes jóvenes ambulatorios manejados con raquianestesia administrada a través de agujas 25. Estos autores encontraron CPPD en 37.2%, dolor lumbar postoperatorio en 54.9%. El 31.4% de estos pacientes hubieran preferido ser tratados con anestesia general. La conclusión errónea de esta investigación fue que la anestesia espinal no es una técnica adecuada en pacientes jóvenes ambulatorios. Por fortuna esta sugerencia no ha sido aceptada y existen múltiples estudios que muestran las bondades de la anestesia espinal con agujas de pequeño calibre, ya sea de punta roma, cortante o de corte especial en enfermos sometidos a procedimientos quirúrgicos que son dados de alta el mismo día.(9,10,11) Capdevila y Dadure (12) consideran que las diversas técnicas de anestesia regional, incluyendo la raquianestesia, son superiores a la anestesia general en este tipo de pacientes al limitar los efectos adversos y readmisiones al hospital, con un mejor control del dolor posquirúrgico. El estudio de Lennox y cols.(13) comparó anestesia espinal vs. desflurano en pacientes ginecológicas ambulatorias y demostraron, además de un costo más reducido con la raquianestesia, que el 50% de las que recibieron anestesia general requirieron analgesia postoperatoria vs. 0% en las que se manejaron con bloqueo subaracnoideo. Otro estudio Canadiense (14) no encontró diferencias de costo entre ambas técnicas y si mostró que administrar anestesia espinal consume más tiempo (18 ± 8 min vs. 10 ± 3 min), con mayor tiempo en la sala de recuperación postanestésica (123 ± 51 min. vs. 94 ± 48 min.). Los requerimientos de antieméticos fueron mayores en anestesia general (8% vs. 14%), mientras que la necesidad de analgésicos en el postquirúrigo inmediato fue de tan sólo 25% en los que se manejaron con raquia vs. 75% en el grupo tratado con anestesia general. El crecimiento de procedimientos ambulatorios
en cirugía cosmética requiere de técnicas anestésicas eficaces que permitan
altas domiciliarias seguras al poco tiempo de terminada la cirugía. La anestesia
subaracnoidea llena estos requerimientos ya que produce un estado anestésico
óptimo, fácil de administrar, de inicio rápido, y de bajo costo. El fantasma de
la CPPD casi ha desaparecido con el uso de las nuevas agujas espinales y la
recuperación del bloqueo motor y sensorial puede manipularse de acuerdo al
tiempo operatorio cuando se utilizan en forma racional los anestésicos locales
y fármacos coadyuvantes disponibles para uso clínico. Los efectos secundarios
son de fácil manejo y las complicaciones son muy raras.
La anestesia subaracnoidea es una opción de manejo que cuando es seleccionada con precisión brinda suficientes ventajas sobre otras técnicas, en especial sobre la anestesia general. En esta charla se revisan los fundamentos, fármacos, técnicas y complicaciones de la anestesia subaracnoidea para cirugías plásticas en pacientes ambulatorios.
Las personas que son sometidas a procedimientos de cirugía plástica lo hacen en búsqueda de mejorar su apariencia física. Hay dos grupos de pacientes; a) Aquellos que se someten a la cirugía por el solo hecho de lucir mejor y b) Los que lo hacen por las exigencias laborales, sociales o profesionales. Esto hace que sean pacientes con aspiraciones especiales, con exigencias que en ocasiones rayan en la perfección y con poca tolerabilidad para errores, por mínimos que estos sean. Las complicaciones por anestesia no están en su margen de tolerabilidad. Estas características tan diferentes a las que tienen las personas que son intervenidas por alguna enfermedad nos deben de hacer aún más precavidos cuando planeamos la anestesia y siempre considerar las alternativas de manejo posibles, así como la posibilidad de error y complicaciones. Estos pacientes son sujetos que pueden ser anestesiados mediante diversas técnicas (Figura 1).
Figura
1. Técnicas anestesiológicas empleadas para cirugía ambulatoria
La
raquianestesia se usa para procedimientos quirúrgicos que involucran el
abdomen, el periné, y las extremidades inferiores. Las diversas técnicas de
anestesia subaracnoidea tienen indicaciones muy variadas en cirugía, y han sido
muy controvertidas en cirugía ambulatoria y de estancia breve. Es válido mencionar que todo procedimiento quirúrgico ambulatorio por
debajo de la sexta metámera torácica es viable de manejarse con anestesia
raquídea. En algunos procedimientos de cirugía plástica ambulatoria es posible
usar bloqueo subaracnoideo lumbar con difusión hasta las metámeras T2-3, para
cirugía de mamas y liposucciones de tórax.(17)
La tabla 1 enumera los procedimientos de cirugía cosmética ambulatorios más
frecuentes en los que es posible utilizar anestesia subaracnoidea, incluyendo
los casos mencionados hasta T2-T3. En algunas circunstancias es prudente
utilizar la técnica epidural-intratecal combinada para garantizar la duración
suficiente en algunos procedimientos, como se discute mas adelante.
Las
contraindicaciones para que un enfermo reciba anestesia subaracnoidea se han
ido modificando a través del tiempo; por ejemplo, las pacientes con toxemia del
embarazo acompañada de crisis convulsivas y/o alteraciones de la coagulación
eran tratadas con anestesia general cuando el embarazo se debía terminar
mediante operación cesárea. Este concepto se ha modificado por completo, y
ahora se recomienda la anestesia regional, muy en especial la anestesia
raquídea realizada con agujas de pequeño calibre.(18) En los pacientes jóvenes se recomendaba evadir la punción dural
por temor a la CPPD; diversos investigadores han mostrado que el uso de agujas
de pequeño calibre, con puntas de diseños especial logran abatir la CPPD a cifras
cercanas al cero. En nuestro medio,
Carrada y cols.(19) compararon tres agujas
raquídeas; Atraucan 26, Quincke 26 y Whitacre 27 en pacientes jóvenes y encontraron
una incidencia muy baja de CPPD, sin significancia estadística entre los tres
grupos.
Las
contraindicaciones para utilizar anestesia subaracnoidea en pacientes
ambulatorios se enumeran en la tabla 2.
Además
de estas contraindicaciones generales, existen pocas situaciones en las que no
es recomendable utilizar raquianestesia en este grupo de pacientes. Los
enfermos que planeen un vuelo en los días inmediatos a su cirugía no debieran
recibir anestesia raquídea ya que los cambios de presión en las cabinas de los
aviones pudieran facilitar salida del LCR a través del agujero en la duramadre.(20) Los pacientes que viven lejos del
sitio donde son anestesiados y que no están dispuestos a regresar al sitio
donde fueron operados, en caso de que tuvieran CPPD, no deberían de ser
manejados con raquianestesia, ya que si bien el riesgo de CPPD es muy bajo, el
solo hecho de no poder regresar al sitio de la anestesia, implica que deberán
recibir manejo por otros colegas en su lugar de origen. Esta situación podría
facilitar problemas medicolegales innecesarios.
No obstante la posibilidad de irritación
transitoria de las raíces posteriores (ITRP) por lidocaína, este fármaco sigue utilizándose
en la anestesia intrarraquídea para cirugía ambulatoria. Dosis de 40 mg han
demostrado ser suficientes y se comparan con los resultados obtenidos con 7.5 mg de bupivacaína.(21) Dosis de 15 mg de lidocaína con 15
µg de sufentanil producen excelente anestesia con tiempo de recuperación mejor
que 50 mg de lidocaína, pero 50% desarrolla prurito.(22)
Debido
a la controversia no resuelta sobre la neurotoxicidad local de lidocaína intratecal, que ha hecho que este anestésico se use cada
vez menos en anestesia subaracnoidea, algunos investigadores han tratado de
determinar la utilidad de otros anestésicos locales en el campo de la cirugía
ambulatoria, teniendo presente que el tiempo de recuperación post anestesia
raquídea es importante para los pacientes, los médicos, los terceros pagadores
y las unidades de cirugía ambulatoria. La disponibilidad de los anestésicos
locales de la familia pipecoloxilida (PPX) (bupivacaína racémica, mepivacaína,
levobupivacaína y ropivacaína) ha facilitado el manejo de la anestesia
neuroaxial en la cirugía ambulatoria, en especial con el uso de bupivacaína
racémica. Las modificaciones en las dosis y/o añadiendo algunos fármacos
coadyuvantes ha sido un campo creciente en esta línea de investigación.
Ropivacaína y levobupivacaína no han sido aprobados para su uso intratecal, sin
embargo, los múltiples reportes en la literatura y el hecho de que estén libres
de conservadores los hacen seguros cuando son inyectados en el espacio
subaracnoideo.(23-27) Frey y su
grupo (28) compararon en voluntarios sanos 100 mg de lidocaína, 15 mg de bupivacaína y 15 mg
de tetracaína, los tres hiperbáricos, y encontraron que lidocaína tiene el
mejor perfil de recuperación, aunque hubo variables paciente-dependientes entre
los tres anestésicos locales comparados, con algunos sujetos que se recuperaron
mas rápido entre los tratados con bupivacaína o tetracaína. Estos autores
mencionan que el tiempo de regresión de dos y cuatro segmentos no es un
parámetro fiable para predecir si un paciente ambulatorio estará apto para su
alta domiciliaria. Se ha demostrado que mepivacaína intratecal es una buena
alternativa a la lidocaína intratecal. Pawlowski y cols.(29) estudiaron en forma prospectiva el perfil de recuperación anestésica en 60 pacientes ambulatorios
manejados con 60 y 80 mg intratecales de mepivacaína y concluyeron que ambas
dosis son adecuadas, si bien los pacientes que se manejaron con 60 mg se recuperaron
más rápido (20 a 30 minutos), sin que hubiera efectos secundarios. Un estudio
con 1273 pacientes ambulatorios (30)
manejados con mepivacaína 1.5% intratecal o intratecal-peridural demostró que
1.7% de las raquias fue inadecuada y el 6.4% tuvo ITRP. La edad promedio de los
enfermos que desarrollaron ITRP fue de 48±14 años), edad significativamente
mayor que los que no tuvieron ITRP (41±16) (P < 0.001).
Los
anestésicos locales que utilizamos con mayor frecuencia en anestesia
subaracnoidea para procedimientos ambulatorios de cirugía plástica son
ropivacaína 0.75% hiperbárica, bupivacaína 0.5% y 0.75% hiperbárica, y
levobupivacaína 0.5% hiperbárica. En nuestra práctica evitamos el uso de
lidocaína intratecal por la posibilidad de neurotoxicidad local ya discutida.
Para los casos breves preferimos dosis bajas de un anestésico local de la
familia PPX, adicionado de clonidina con o sin fentanilo o sufentanilo. La
tabla 3 muestra los anestésicos locales recomendados en relación a los
procedimientos más frecuentes en cirugía plástica ambulatoria.
Cuando
la cirugía programada es superior a dos horas, es recomendable adicionar algún
fármaco coadyuvante. En nuestra práctica usamos clonidina en dosis de 75, 150 a
300 µg y solo ocasionalmente añadimos un opioide como fentanilo 12.5, 25 y
hasta 50 µg, o sufentanilo 5 a 10 µg. Es prudente considerar que el tiempo
operatorio sea más prolongado del que estiman los cirujanos ya que existen
muchos ¨tiempos muertos¨ que
prolongan el tiempo total que se requiere para finalizar la cirugía. Por otro
lado, en cirugía cosmética suelen modificarse los planes quirúrgicos durante la
intervención, lo cual es otro factor para que se incremente el tiempo.
La figura 2 muestra un esquema simple de las posibilidades de mezclas de anestésico local más adyuvantes de acuerdo con los tiempos quirúrgicos esperados. Nótese que se incluye la posibilidad de cirugías de una hora de duración, lo cual es poco frecuente en este campo; revisiones de cicatrices, liposucciones de áreas pequeñas, plastias perineales, etc. La combinación de procaína + clonidina + fentanilo es excelente, sin el fantasma de ITRP propio de la | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||